30 junio, 2026
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En una sesión escandalosa, Mario Ishii apuntó contra Kicillof por la crisis social y Verónica Magario le apagó el micrófono. Sergio Berni saltó en su defensa, destrozó a la vicegobernadora y pidió que los senadores devuelvan el sueldo.

La trastienda de los pasillos de la Legislatura de La Plata y la velocidad con la que estallaron los reproches guardados durante seis meses de inactividad dejaron en evidencia que la tregua política en el peronismo bonaerense está completamente rota. En una coyuntura donde los intendentes del Gran Buenos Aires lidian diariamente con la demanda de alimentos y el colapso de las salitas médicas, el malestar con los despachos de la gobernación bonaerense terminó saliendo a la luz de la peor manera en pleno recinto. Analizar los puentes entre los reclamos territoriales por la inflación, el faltazo de los legisladores a las comisiones y la fuerte contraofensiva de las espadas políticas de la provincia aporta una mirada analítica fundamental para comprender la fractura del peronismo.

Los pormenores de la primera sesión del año en el Senado provincial dejaron al descubierto que la interna del Partido Justicialista se juega con el cuchillo entre los dientes, transformando el debate de tablas en un verdadero pase de facturas entre los distintos sectores que componen el oficialismo. El encargado de encender la mecha fue Mario Ishii, quien con un duro diagnóstico sobre el hambre y la crisis en los distritos populosos arremetió contra sus propios compañeros de bloque por mandar a comisión sus proyectos de emergencia, disparando un dardo directo al corazón de la gobernación al asegurar que Kicillof prefirió ignorar el pedido de los intendentes. El clima se terminó de calentar cuando la vicegobernadora Verónica Magario decidió cortarle el audio al legislador paceño, un gesto que desató la furia de Sergio Berni, quien no dudó en solidarizarse con su par y disparó munición gruesa contra la presidencia de la Cámara por haber mantenido las puertas cerradas durante medio año mientras la realidad social de los bonaerenses se prendía fuego. La jugada más sorpresiva de la tarde llegó cuando el exministro de Seguridad desafió a la conducción al pedir que el Estado recupere los gastos de funcionamiento del Senado de los meses que no funcionó para destinarlos directamente a los hospitales, obligando a Magario a cruzarlo en seco para exigirle que lo plasme en un proyecto, demostrando que la discusión interna por el control territorial está al rojo vivo.

El bloque de la oposición aprovechó la fractura expuesta del peronismo para marcar que los acuerdos de Labor Parlamentaria deben cumplirse por encima de las necesidades mediáticas de los dirigentes locales. Los analistas del escenario platense coinciden en que este cruce debilita la posición de los intendentes frente al armado político que comanda la gobernación.

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