La autoridad electoral le otorgó el triunfo por una diferencia menor al 0,3% de los votos. Su rival, Roberto Sánchez, rechazó el resultado y anunció que no reconocerá al nuevo gobierno.
La resolución de balotajes hiperpolarizados suele poner a prueba la solidez de la justicia electoral subnacional. Cuando la diferencia entre los candidatos es marginal, la legitimidad de origen del mandatario electo queda supeditada a la transparencia del escrutinio, un factor crítico que en entornos de debilidad institucional puede acelerar procesos de polarización política sistémica y conflictividad social.
Tres semanas después de la jornada de votación, los organismos oficiales de Perú ratificaron el triunfo de Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial. La líder de Fuerza Popular se impuso con el 50,13% de los sufragios, consolidando una ventaja de apenas 49.600 votos sobre el candidato progresista Roberto Sánchez. Mientras que Fujimori defendió la validez democrática de los cómputos oficiales, la oposición denunció irregularidades específicas en el procesamiento del voto exterior, abriendo un nuevo capítulo en la prolongada crisis de gobernabilidad democrática.
El cronograma institucional establece que la proclamación oficial se realizará este viernes, previa a la asunción del cargo fijada para el próximo 28 de julio.
