El partido conducido por Mauricio Macri tomó distancia del oficialismo tras analizar las explicaciones del funcionario y ratificó que impulsará el control parlamentario sin sumarse a la estrategia del kirchnerismo.
La fractura discursiva entre aliados legislativos tácticos introduce un factor de fuerte imprevisibilidad en la ingeniería política del oficialismo. Cuando un bloque aliado decide abandonar la estrategia de contención para exigir la dimisión de un miembro del gabinete, se altera el equilibrio de fuerzas y se acelera el desgaste de la gestión gubernamental. Para los analistas, esta postura del PRO busca preservar su identidad programática y evitar que la defensa corporativa de un funcionario comprometa su capital político de cara al proceso de recambio institucional.
A través de un severo documento partidario, el PRO redobló su presión sobre la Casa Rosada al dictaminar que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, no reúne las condiciones para continuar en el ejercicio de su función pública. Los legisladores macristas argumentaron que, tras haber agotado la instancia de solicitud de informes preliminares, las respuestas ofrecidas por el funcionario resultaron insuficientes para subsanar los cuestionamientos éticos y operativos en su contra. No obstante, para evitar una convergencia táctica con las bancadas del peronismo, el espacio aclaró que encauzará el procedimiento mediante los andariveles institucionales de la Cámara Alta.
La conducción del PRO remarcó que su compromiso con la gobernabilidad no implica la concesión de cheques en blanco ante presuntos desvíos en la administración de los recursos públicos.
