La Policía Bonaerense apresó a tres acusados tras un violento asalto comando en la vivienda del reconocido jurista y economista en San Isidro. Una de las detenidas fue filmada comprando en una cafetería de Pilar utilizando una de las tarjetas robadas a la víctima.
Un operativo conjunto entre la Policía Bonaerense y la Secretaría de Seguridad del Municipio de San Isidro permitió desbaratar a una banda de delincuentes acusada de perpetrar una brutal entradera en la casa del abogado y economista Guillermo Cabanellas, de 76 años, en la localidad de Martínez.
El violento episodio ocurrió durante la madrugada del domingo 27 de septiembre, cuando al menos cuatro delincuentes irrumpieron en el domicilio mientras el profesional dormía junto a su pareja. Tras aplicarle un golpe en el ojo izquierdo a Cabanellas y reducir a ambos, los asaltantes escaparon con un botín compuesto por 4.800 dólares, teléfonos celulares, joyas y tarjetas de crédito.
A partir del relevamiento de cámaras de seguridad municipales y tareas de inteligencia coordinadas por la Superintendencia AMBA Norte I bajo las directrices de la UFI Martínez a cargo de la fiscal Carolina Asprella, los investigadores lograron rastrear el vehículo utilizado en la fuga: un Volkswagen Bora. Los allanamientos posteriores derivaron en la detención de tres sospechosos: Braian Agustín Britez (24), con domicilio en Don Torcuato, frondoso prontuario y pedido de captura vigente; Katerine Lovaiza; y Tamara Lovaiza. Esta última podría recuperar la libertad en las próximas horas, ya que el vehículo figura a su nombre pero por el momento no se hallaron pruebas concluyentes que la vinculen directamente al hecho.
El golpe maestro de la investigación provino del análisis financiero y de los registros fílmicos. Katerine Lovaiza cometió un imperdonable traspié al presentarse horas después del asalto en una concurrida cafetería de la zona de Pilar —aún con el cabello negro recogido bajo un buzo que luego cambió por un tono rubio— para consumir un café y abonarlo con la tarjeta de crédito de una de las víctimas, un movimiento que quedó inmortalizado por las cámaras de seguridad y selló la caída de parte de la gavilla.
Una rápida respuesta investigativa que combinó tecnología urbana, escuchas y pistas digitales para dar con una organización delictiva de alto voltaje.
