Un procedimiento de Prefectura Naval en un coto de caza de Gualeguaychú derivó en el secuestro de un arsenal de armas de fuego y decenas de animales taxidermizados. El fiscal federal Pedro Rebollo y el juez federal Hernán Viri buscan determinar las ramificaciones internacionales de la actividad ilegal.
Las planificaciones de las fiscalizaciones ambientales integrales, el codiseño de protocolos de preservación de especies protegidas y la articulación de operativos de seguridad contra la caza furtiva constituyen variables esenciales para el ordenamiento y la protección de los recursos naturales en el territorio nacional. Cuando los tribunales federales convalidan allanamientos de gran escala frente a sospechas fundadas de explotación comercial de fauna silvestre, las investigaciones adquieren una relevancia institucional que trasciende las fronteras provinciales. Para los servicios informativos enfocados en el monitoreo de los expedientes penales del litoral, las crónicas de contrabando biológico y las regulaciones de la tenencia de armamento pesado, desglosar estos operativos representa una herramienta clave para evaluar las políticas de conservación ambiental.
Una exhaustiva investigación encabezada por el fiscal federal Pedro Rebollo junto al juez federal Hernán Viri derivó en un importante procedimiento en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú, donde agentes especializados de la Prefectura Naval Argentina desarticularon las actividades ilícitas de un predio rural dedicado a la caza menor y mayor. Las medidas, impulsadas por el Juzgado Federal de Primera Instancia de Gualeguaychú, se concentraron en establecer si un ciudadano de nacionalidad brasileña realizó un desembolso de 40.000 dólares con el fin de cazar de forma ilegal un ejemplar de ciervo rojo en la zona. El resultado de la requisa en el establecimiento arrojó la identificación de tres personas sospechosas y el decomiso de un impactante arsenal que asciende a 29 escopetas de distintas marcas y calibres, un revólver y una cantidad superior a las 15.000 municiones de diversos tipos. Asimismo, los uniformados procedieron al secuestro de una copiosa colección de trofeos de caza y restos zoológicos que superan el millón trescientos mil pesos de valor de mercado, incluyendo cornamentas de ciervo colorado, cueros de animales silvestres, colmillos, astas y decenas de piezas de aves y mamíferos que habían sido sometidos a sofisticados procesos de taxidermia. Tras la finalización de los operativos de requisa, las autoridades procedieron al resguardo de dispositivos de almacenamiento tecnológico y registros fotográficos que resultan de vital interés para el expediente general, buscando constatar la existencia de maniobras complejas de tráfico de fauna.
Las próximas diligencias de la fiscalía se enfocarán en auditar las trazas migratorias y los registros de ingresos de extranjeros en la frontera para constatar la llegada de contingentes turísticos al coto. Las piezas biológicas y el armamento secuestrado permanecerán bajo custodia judicial en los depósitos de las fuerzas federales a la espera de los peritajes definitivos de los especialistas.
