Tras semanas de cruces explícitos, Karina Milei encabezó una mesa política para simular «amor y paz». Sin embargo, la tensión entre Martín Menem y el asesor Santiago Caputo sigue latente y sin retorno en los despachos oficiales.
Las fotos de camaradería y los gestos de distensión en las altas esferas del poder suelen durar lo que tarda en apagarse el flash de las cámaras oficiales. La necesidad del oficialismo de transmitir gobernabilidad frente a los mercados y las bancadas aliadas choca de frente con una sorda batalla de facciones que, lejos de resolverse, ha ingresado en una etapa de congelamiento táctico donde nadie depone las armas ni renuncia a sus ambiciones territoriales.
La crisis interna entre los dos principales bandos del oficialismo se observa como un camino sin retorno, pero llamativamente sin consecuencias efectivas en la estructura de cargos. En la reciente reunión celebrada en la oficina del Ministerio del Interior, volvieron a verse las caras dos sectores enfrentados de forma irreversible: el titular de la Cámara Baja, Martín Menem, y el estratega presidencial Santiago Caputo. Mientras que algunos testigos definieron la cumbre como un escenario de «amor y paz», otras fuentes detallaron que se trató apenas de una convivencia cordial, protocolar y sin una sola palabra de más. Desde las bases de La Libertad Avanza ya se percibe cierta decepción por la falta de autoridad ante los desafíos internos, calificando la pasividad actual como el «momento más albertista» de la gestión.
La aparente calma en el entorno presidencial parece ser solo la antesala de un nuevo reordenamiento de fuerzas de cara a la campaña que se avecina.
