Con 57 cheques rechazados y una estructura operativa diezmada, la histórica panadería porteña intenta una última reorganización.

La caída en el consumo de productos básicos golpeó de lleno a Pan Danés, una firma que hasta hace poco era sinónimo de expansión en el territorio porteño. Hoy, la realidad es muy distinta: la empresa se encuentra bajo tutela judicial tras entrar en concurso preventivo debido a su incapacidad de pago.
La magnitud de la crisis se mide en números rojos: casi 60 millones de pesos en cheques rebotados ante el Banco Central. La cadena, que llegó a emplear a 150 trabajadores, ha tenido que achicar su producción de manera drástica debido a que las ventas se desplomaron un 50% en solo dos años. El cierre de sucursales ha sido la única vía de escape para intentar frenar el drenaje de fondos, mientras buscan una solución que permita la continuidad de la marca en un mercado cada vez más hostil.
El futuro de la compañía pende de un hilo y de la capacidad de su plan de reestructuración para convencer a los acreedores.
