2 octubre, 2026
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Enclavada entre enormes barrancas y ríos en el norte de Salta, esta localidad de calles empinadas y raíces prehispánicas se convirtió en uno de los atractivos turísticos e históricos más impactantes del país.

Con una geografía única que da la sensación de estar suspendida en el aire, la localidad de Iruya se alza en el norte de Salta rodeada de imponentes montañas, pendientes pronunciadas y profundas barrancas que configuran una de las postales más llamativas del norte argentino.

Situado a unos 2.700 metros sobre el nivel del mar y emplazado en un cono delimitado por los ríos Iruya y Milmahuasi, el pueblo fue descripto por el propio Gobierno provincial como un asentamiento que se encuentra «literalmente colgado de la montaña». Su apariencia responde directamente a un terreno accidentado donde las pequeñas calles avanzan hacia arriba y hacia abajo entre casas construidas sobre las laderas. Lejos de ser una creación turística reciente, el área cuenta con antecedentes de asentamientos prehispánicos y ya funcionaba en el siglo XVIII como un punto neurálgico vinculado al Marquesado del Valle de Tojo. Alrededor de 1753 se erigió la histórica Iglesia de la Virgen del Rosario, cuyo templo continúa sobresaliendo entre las construcciones montañesas, mientras que la región también atesora pasado patriótico por haber sido escenario de combates liderados por Martín Miguel de Güemes, sus capitanes y gauchos durante la Guerra de la Independencia, convirtiéndose luego en cabecera departamental.

De este modo, Iruya continúa cautivando a visitantes de todo el mundo al fusionar una arquitectura de montaña desafiante con un profundo legado histórico y cultural.

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