11 mayo, 2026
Screenshot_20260422_172208_Samsung Internet

Con 160 kilómetros de extensión, este paisaje de «cicatriz blanca» es uno de los sitios más aislados y menos explorados de Sudamérica. Además de su valor turístico, guarda una riqueza mineral estratégica en litio y potasio.

En las profundidades del departamento Antofagasta de la Sierra, en Catamarca, se despliega el Salar de Antofalla, un gigante geológico reconocido por especialistas como el más largo del planeta. Ubicado a 3.900 metros sobre el nivel del mar, este ecosistema de 160 kilómetros de largo ofrece una silueta estrecha y blanca que contrasta con los tonos volcánicos de la Cordillera de los Andes.

Según datos del Servicio Geológico Minero Argentino, su forma única se debe a milenios de aridez extrema, con precipitaciones que no alcanzan los 100 milímetros anuales. El entorno está dominado por el volcán homónimo y un macizo de cumbres que protegen un área de baja densidad poblacional. Sin embargo, el interés por este paraje no es solo paisajístico; informes del Ministerio de Minería destacan que el salar posee salmueras ricas en litio y potasio, minerales críticos para la transición energética global. A pesar de su potencial económico, el acceso sigue siendo un desafío logístico debido a las temperaturas que oscilan entre los -10°C y los 30°C, y a la falta de cursos de agua permanentes, lo que ha preservado su atmósfera de aislamiento y pureza.

Para quienes logran llegar, la recompensa es un espectáculo visual único donde los flamencos y la fauna endémica conviven entre el blanco infinito de la sal y el negro profundo de los conos volcánicos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *