Desde la Asociación Hotelera y Gastronómica local informaron que el nivel de ocupación para el actual fin de semana extra largo se mantiene en niveles moderados. La cautela del sector responde a un verano con registros históricamente bajos y al impacto de la recesión en el presupuesto de los visitantes.

La ciudad de Mar del Plata encara uno de los periodos más significativos para su economía turística con expectativas contenidas. Tras una temporada estival que dejó un balance deficitario para gran parte de los operadores, la llegada de las Pascuas se percibe como una oportunidad de alivio, aunque las cifras preliminares reflejan la complejidad del escenario económico actual.
Según el relevamiento de las cámaras empresarias, el promedio de reservas hoteleras se sitúa en torno a la mitad de la capacidad disponible. Si bien no se descarta que los establecimientos de mayor categoría logren porcentajes superiores debido a la tendencia de último momento, la cifra general expone las dificultades de la clase media para costear escapadas frente a la pérdida de poder adquisitivo y el incremento en los costos de traslado y alojamiento.
Este panorama se da luego de un reciente fin de semana largo por el Día de la Memoria que el municipio calificó como exitoso. Desde la gestión local se difundió un incremento del 38,6% en el arribo de visitantes respecto al año anterior, aunque sectores críticos señalan que dicha comparación resulta engañosa: aquel receso contó con cinco jornadas, una más que en 2025, lo que naturalmente impulsó un mayor flujo de personas pero no necesariamente una mejora estructural en el consumo.
Para los hoteleros y gastronómicos de «La Feliz», este fin de semana de abril funciona como el último gran termómetro antes de la temporada baja invernal. El desafío de los próximos días será atraer a los viajeros de cercanía que deciden su viaje a último minuto, intentando compensar una microeconomía golpeada por la caída del consumo interno que viene afectando a los principales destinos balnearios del país.
