A unos 170 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, esta localidad de Chacabuco sufrió un fuerte éxodo tras el cierre del servicio ferroviario. Décadas después, encontró una nueva oportunidad en la gastronomía y el turismo rural.
Castilla es uno de esos pueblos bonaerenses que quedaron marcados por el retroceso del ferrocarril. A unos 170 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, la localidad llegó a tener alrededor de 3.000 habitantes, pero la pérdida del servicio ferroviario durante la década de 1990 aceleró una emigración que redujo drásticamente su población.
Con menos oportunidades laborales y el cierre de una de sus principales conexiones con otras ciudades, muchas familias tuvieron que abandonar el pueblo. Actualmente, Castilla conserva alrededor de 700 habitantes.
Pero el panorama comenzó a cambiar. En los últimos años, la localidad encontró en el turismo rural y la gastronomía una forma de recuperar protagonismo y atraer visitantes durante los fines de semana.
Asado a la estaca y sabores de campo
Uno de los principales motores de este nuevo movimiento es El Stud, un restaurante de campo inaugurado en 2021 por la familia Ontiveros-Morra.
El establecimiento funciona en un predio que antiguamente estuvo vinculado a la cría de caballos de carrera y de polo. Hoy, el atractivo principal está en la parrilla, con asado a la estaca, vacío, lechón y achuras como protagonistas.
La propuesta gastronómica se completa con pastas, picadas y diferentes opciones de postres caseros, entre ellos lemon pie, tarta de frutilla, tiramisú y flan. Durante los meses de frío también aparecen platos más tradicionales, como guisos y chorizos a la pomarola.
El crecimiento de la demanda convirtió al restaurante en uno de los puntos gastronómicos más buscados de la zona y, especialmente durante los fines de semana, se recomienda reservar con anticipación.
Una oferta que va más allá de la parrilla
La gastronomía de Castilla no se limita a los restaurantes de campo. La localidad también conserva espacios tradicionales que forman parte de la vida cotidiana del pueblo.
Las Cañitas suma platos caseros y tragos, mientras que El Triángulo, un bar que funciona desde 1968, mantiene el espíritu de los antiguos almacenes y bares de pueblo.
Para quienes buscan opciones más rápidas aparecen las pizzas, empanadas, tartas y minutas de Mucho Gusto. También se destaca Los Mazzetti, ubicado frente a la plaza en una antigua casona, con pizzas artesanales y cerveza tirada.
Un pueblo que intenta reinventarse
Más allá de la gastronomía, Castilla conserva parte de la historia que explica su crecimiento y posterior declive. La antigua estación ferroviaria, junto con las vías que todavía atraviesan la localidad, permanece como uno de los principales testimonios de la época en la que el tren era el eje de la vida económica y social.
El contraste es evidente: el mismo pueblo que perdió buena parte de sus habitantes cuando el ferrocarril dejó de funcionar hoy busca generar una nueva actividad económica a través de quienes llegan desde las ciudades en busca de tranquilidad, paisajes rurales y gastronomía tradicional.
Ubicada en el partido de Chacabuco, Castilla se convirtió así en otro ejemplo de pequeñas localidades bonaerenses que intentan transformar el abandono y la pérdida de población en una oportunidad para recuperar movimiento y visibilidad.
